Con el retorno de Jacobo Odriozola, el plantel montañés recupera un miembro nacido en esta distinguida región. La hipotética “cantabrización” del equipo (cada verano es anunciada por el club lobezno a bombo y platillo) no se produce, a pesar de la prolifera cantera que poseemos. Ningún cántabro ha llegado a triunfar plenamente con nuestros colores, todos están marcados por oscuras despedidas (sin honores ni homenajes) o una alarmante escasez de oportunidades que terminaba truncando sus esperanzas.
Trazando someramente una línea imaginaria a lo largo del tiempo, el primer caso reseñable fue Luis Merino. El emblemático capitán del conjunto que logró el ascenso ACB, salía por la puerta de atrás del club de sus amores, en la temporada 1998-1999, rumbo a la liga LEB (donde militó en el Gijón Baloncesto, Drac Inca y CB Los Barrios). En el convulso verano del 2000, la entidad cantabra estuvo apunto de desaparecer, en un caso insólito dentro de la máxima competición nacional de baloncesto. Ricardo González emigraba a tierras lucenses en busca de un futuro estable dentro de la habitual dureza del profesionalismo en el deporte de la canasta.
Riki era el buque insignia, el corazón del vestuario y el ojito derecho de la hinchada torrelaveguense. Tristemente, su última visita al pabellón Vicente Trueba, finalizó con un desolado hombre de dos metros (una bestia, físicamente hablando), llorando como un niño en soledad, ante la mirada incrédula de compañeros y periodistas. La afición le silbó sin dilación durante el encuentro, por demostrar simplemente sus ganas de ganar (se debía al Breogan Lugo). El día más triste de la carrera deportiva de Ricardo González, sus paisanos le dilapidaban públicamente en su propia casa, señalándole como traidor.
Experiencias peculiares vivieron gente como José Manuel Basurto (brilló en la campaña 2000-2001 en ACB), Paco Masa (debutó en ACB en 1999 con 17 años), Alberto Miguel (las lesiones marcaron su estancia lobezna) o David García Peña. Ninguno encontró la estabilidad, gracias a la poca paciencia que se tuvo con ellos. Redondean el marco maldecido hombres como Eduardo Argos, Santi Barreras, Pablo Sánchez, Álvaro Lombera... Otros incluso no han llegado a jugar en nuestras filas, David Doblas, Jorge León, Cesar Sañudo, Eduardo Ruiz... (tres últimos solo hasta el filial EBA).
La Maldición del Cántabro se hace patente incluso en el banquillo. El 30 de Octubre del 2003, Javier "Pope" Bejar dirigía el último partido de un técnico cántabro al frente del Lobos. Por su parte, Dani García, paso de héroe a villano, en sus visitas con el Baloncesto Plasencia. Gestos, malentendidos varios y un amargo sabor a venganza personal contra la Junta Directiva, con la afición montañesa como daño colateral dentro de esta absurda guerra. El avezado técnico torrelaveguense no supo canalizar sus emociones y el graderío dictó sentencia en su contra. Esperemos que Israel sea inmune a estos desalentadores precedentes.
Trazando someramente una línea imaginaria a lo largo del tiempo, el primer caso reseñable fue Luis Merino. El emblemático capitán del conjunto que logró el ascenso ACB, salía por la puerta de atrás del club de sus amores, en la temporada 1998-1999, rumbo a la liga LEB (donde militó en el Gijón Baloncesto, Drac Inca y CB Los Barrios). En el convulso verano del 2000, la entidad cantabra estuvo apunto de desaparecer, en un caso insólito dentro de la máxima competición nacional de baloncesto. Ricardo González emigraba a tierras lucenses en busca de un futuro estable dentro de la habitual dureza del profesionalismo en el deporte de la canasta.Riki era el buque insignia, el corazón del vestuario y el ojito derecho de la hinchada torrelaveguense. Tristemente, su última visita al pabellón Vicente Trueba, finalizó con un desolado hombre de dos metros (una bestia, físicamente hablando), llorando como un niño en soledad, ante la mirada incrédula de compañeros y periodistas. La afición le silbó sin dilación durante el encuentro, por demostrar simplemente sus ganas de ganar (se debía al Breogan Lugo). El día más triste de la carrera deportiva de Ricardo González, sus paisanos le dilapidaban públicamente en su propia casa, señalándole como traidor.
Experiencias peculiares vivieron gente como José Manuel Basurto (brilló en la campaña 2000-2001 en ACB), Paco Masa (debutó en ACB en 1999 con 17 años), Alberto Miguel (las lesiones marcaron su estancia lobezna) o David García Peña. Ninguno encontró la estabilidad, gracias a la poca paciencia que se tuvo con ellos. Redondean el marco maldecido hombres como Eduardo Argos, Santi Barreras, Pablo Sánchez, Álvaro Lombera... Otros incluso no han llegado a jugar en nuestras filas, David Doblas, Jorge León, Cesar Sañudo, Eduardo Ruiz... (tres últimos solo hasta el filial EBA).
La Maldición del Cántabro se hace patente incluso en el banquillo. El 30 de Octubre del 2003, Javier "Pope" Bejar dirigía el último partido de un técnico cántabro al frente del Lobos. Por su parte, Dani García, paso de héroe a villano, en sus visitas con el Baloncesto Plasencia. Gestos, malentendidos varios y un amargo sabor a venganza personal contra la Junta Directiva, con la afición montañesa como daño colateral dentro de esta absurda guerra. El avezado técnico torrelaveguense no supo canalizar sus emociones y el graderío dictó sentencia en su contra. Esperemos que Israel sea inmune a estos desalentadores precedentes.
TIROS LIBRES
1. Nuestros dos refuerzos son de todo... menos ilusionantes.
2. Travis Garrison viene de la liga coreana (KBL). Entre sus limitaciones a los extranjeros contempla: haber completado al menos los cursos de enseñanza secundaria y ¡¡medir menos de 2,08!!.
3. Por cierto, es CSI. Espero que el crimen no haya sido ficharle