martes, 27 de noviembre de 2007

¿Por qué eres tú, Romeo?

¡Romeo, Romeo! ¿Por qué eres tú, Romeo? Este breve fragmento de la obra más célebre de William Shakespeare (perteneciente a la segunda escena) define perfectamente el pensamiento de Ángel Jareño cuando se le comunicaba su fichaje por el club. Sin experiencia ninguna en el baloncesto profesional y con la discutible fama de ser el amigo de LeBron James, Romeo Travis era un perfecto desconocido, uno más en la polémica cartera de fichajes del club cántabro, con fiascos inverosímiles como el hermano de Tanoka, Darius Beard, el discípulo predilecto del Magic Johnson's Team, Andre Larry, o en un menor grado el consanguíneo de Manu, Sepo Ginobili, cuyo salario no se ajustaba a sus escasas prestaciones.

A pesar de una meritoria pretemporada, donde fue de los más destacados, se desinfló en el transcurso de la competición. La falta de confianza del técnico y el tradicional tiempo de adaptación (desde el arcaico baloncesto universitario americano, con 35 segundos de posesión por ataque) fueron los detonantes para comprobar la insuficiente calidad que atesora el norteamericano. Forma parte de la historia negra del club, a la que próximamente se unirá Ryvon Covile, con sus pobres promedios de 12 puntos y 5,7 rebotes por partido. Dos extracomunitarios que no marcan la diferencia, dinero tirado e ilusiones perdidas.

Sólo hay que mirar a los dos conjuntos líderes, CAI Zaragoza y Bruesa GBC: ¿quién no conoce a sus americanos? Las apuestas en los dos pilares fundamentales de cualquier franquicia deben ser a caballo ganador (los experimentos con gaseosa y en Navidad, rodeado de la familia). Seamos serios, reconstruir un equipo mediada la temporada, tras remodelarle al completo en el periodo estival, es un drama que ni siquiera el dramaturgo inglés podía concebir. En la tragicomedia lobezna aún no ha caído el telón. El espectáculo debe continuar.