domingo, 25 de noviembre de 2007

Copa Príncipe 2007

El controvertido Larry Flynt decía en una de sus memorias que estaba obligado a ser obsceno para mantener sus obras en el escaparate público, porque el día que no ocupe titulares no venderé ni en las rebajas y me mandarán directo al trastero. Y allí, en el trastero, es donde parece estar actualmente la Liga LEB: la 15º edición de la Copa Príncipe (undécima con el formato actual) ha sido el fiel reflejo de la situación que vive la segunda liga del baloncesto español. La LEB es una competición menor, cuyo trato, tanto a nivel mediático como organizativo, es francamente decadente.

LEB: la liga fantasma

Su repercusión informativa la identifica como una liga fantasma. A nadie le interesa y el producto no es capaz de venderse ni siquiera dentro de un canal temático como Teledeporte, que rellena su parrilla televisiva con deportes de escaso o nulo interés para el público en general. Alimentada con interminables horas de patinaje sobre hielo y de un reiterativo anuncio musical de televenta (le pude ver más de veinte veces a lo largo del fin de semana, una vez más y me compro la dichosa colección para ser el centro de las fiestas), el canal digital de TVE se dignaba a retransmitir una competición a la que había dado la espalda durante toda la temporada, ofreciendo poco menos del 20% de las jornadas disputadas (lo de pedir la emisión por La2 parece una utopía).

Por otro lado, la realización de los diferentes encuentros ha sido una de las más decepcionantes obras domésticas que cualquier videoaficionado haya podido observar. Por ejemplo, el tamaño descomunal de los dígitos (para reflejar el tiempo de cada cuarto o el final de la posesión) impedía seguir el juego, una aberración a la lógica, que invita a preguntarse para qué quieren los rótulos que emplean en los partidos de la Liga ACB. Tecnología arcaica la aplicada, de la cual no se tiene constancia desde los años 70 en las retransmisiones de la NBA, cuando la clara limitación de medios obligaba al uso de cifras gigantes y una numerología cuadriculada (casi robótica).
Si a eso lo acompañamos de los comentarios de Moncho Monsalve, con su tradicional discurso repetitivo, cansino, con notas incluso cómicas, fruto de su argot americanizado y excesivamente condescendiente con cualquier tema federativo (no dejan de ser sus jefes), los motivos para engancharse son nulos. Los esfuerzos de la Federación a través de su impagable baloncesto en vivo (con estadísticas al instante del partido en su página web, box-score más completo que el de la NBA), quedan en nada cuando el ente público rebaja la calidad del producto a la altura de cualquier emisión local, que no mejora la de la extinta Vegavisión en la Copa Príncipe __ disputada la temporada 1996-1997 en Torrelavega .

Gradas vacías

A nivel organizativo, ésta era la segunda ocasión que la Ciudad Autónoma de Melilla albergaba este evento (tras la celebrada en 2001). Pues bien, el polideportivo melillense ha estado excesivamente vacío a lo largo del fin de semana y las gradas han dado una paupérrima imagen de ésta liga, que intenta hacer algo grande con esta competición del KO. Los organizadores vieron truncado el salvavidas del aterrizaje del anfitrión en la finalísima, y en ella se repetió la misma instantánea de la primera semifinal: asientos y asientos sin ocupantes.
Las causas más recurrentes deben sostenerse en lo obvio:
1) la distancia de los dos finalistas a Melilla (Baloncesto León y Cantabria Lobos, radicados en ciudades situadas a más de mil kilómetros), a pesar de lo cual una minigrada era ocupada por una escueta pero ruidosa expedición de incondicionales leoneses;
2) la premura para disputarse el evento, ya que entre la conclusión de la segunda semifinal y la final transcurrieron apenas 22 horas, circunstancia anómala en cualquier formato de final four.

Ni Melilla se volcó con la Copa, ni el margen de maniobra dejaba espacio para la improvisación. Otra cosa son las sobrealimentadas cifras de asistencia oficiales que se han publicado. A sus responsables sí que les mandaba yo... al trastero.

Publicado el 31 de Enero del 2007
http://www.jugon.net/