sábado, 24 de noviembre de 2007

Ciriatraco

En primavera de este año se hacía pública una multimillonaria subvención del Gobierno autonómico al Cantabria Lobos, con la única obligación de constituir una cantera. Inmersos en esta tesitura, la directiva lobezna decide coger la vía rápida, firmar un acuerdo con varios clubes.
Ciriaco Díaz Porras salía a la palestra en un medio radiofónico conferenciando sobre el futuro y la cantabrización del club. Esto último ha acabado en saco roto, porque en la plantilla tan sólo hay dos jugadores de la tierra: Jacobo Odriozola (su situación en el equipo es complicada tras la reciente contratación de Isaac López) y Álvaro Lombera (ha jugado diez minutos en trece jornadas). Muy cántabros, pero impidió que ambos jugasen en la selección regional este pasado verano, mientras hombres de la talla de Alberto Miguel o David Doblas estaban allí. Si fuese por ese parámetro, yo sería tan del Cantabria Lobos como del Gipuzkoa Basket.

De irrisorio se puede tachar el tema de la cantera. En primer lugar, el club ya disponía de ella, pero él se ocupó de eliminarla, con equipo de Liga EBA incluido (coincidió con el Anchoas El Capricho la temporada 1999-2000). De este conjunto salieron jugadores como Nacho Pérez, Edu Ruiz, Jorge León o el propio Alberto Miguel (entre otros).

En segundo lugar, ha firmado un convenio con Estela que esconde muchas incógnitas por su parte. ¿De verdad alguien piensa que algún empleado del Cantabria Lobos hace un seguimiento de las categorías inferiores? Yo respondo a esta cuestión: no. La directiva hace caso omiso de la cantera y poco o nada le importa que se forme algún jugador para el primer equipo.

Por otra parte, Estela Lobos sólo tiene dos jugadores menores de veinte años, Borja Anillo y Luis Alberto Riancho, y Santander Lobos tiene cinco, de los cuales dos no juegan, liderando el equipo Pepín Fernández, Jorge Terán y Óscar Cabrero, todos ellos contrastadas garantías, pero veteranos. La pregunta es: ¿el propósito de un filial no es formar jugadores para el primer equipo? Aunque mirándolo desde otro punto de vista, ¿la situación actual del basket cántabro en verdad permite mantener un equipo competitivo en Primera sólo con adolescentes?

Las personas somos esclavas de nuestras palabras. Jorge Elorduy, entrenador del Alerta Cantabria, se vanagloriaba públicamente de haber introducido en pretemporada a tres jóvenes cántabros en los entrenos del conjunto LEB: “La idea es que los ellos nos empiecen a ayudar desde ya. Borja Anillo, Germán Gómez y Luis Alberto Riancho nos están apoyando en los entrenamientos”. Tres meses después, ¿qué ha sido de la relación de esos tres jugadores con la primera plantilla? ¿Sabría decirme Jorge Elorduy o cualquiera de la directiva cinco jugadores de la cantera? ¿Han ido este año a ver cómo progresan las promesas?

Es evidente la gran dificultad que existe a la hora de introducir a un neófito valor en un combinado profesional, pero de ahí a hablar de filial son palabras mayores. El Lobos se encontró entre la espada y la pared, en vez de crear una cantera de cero, con el coste que eso hubiese supuesto, llegó a un convenio con una entidad con una estructura consolidada, favoreciendo infinitamente más a la parte profesional que a la AD Estela.

El seis de junio de 2005, Estela Santander, un club estable, trabajador y respetable, firmaba con el Cantabria Lobos un acuerdo por una soñolienta visión de un próspero futuro para el baloncesto cántabro, una iniciativa tan loable como ingenua, teniendo en cuenta el pasado reciente del club con el que la sellaba. Ojalá que todo salga bien, como se merecen, pero si tratas de hipnotizar a una serpiente lo más fácil es que te pique. El tiempo es el único juez insobornable y dictará irremediablemente sentencia

Publicado el 1 de Diciembre del 2005.
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