Cualquier análisis riguroso de la normativa para categoría alevín no deja más que sorprender por la opacidad de los términos que se utilizan en el mismo. La esquelética estructura de su articulado (el actual para esta región ocupa cara y media de folio con ilustraciones) incluye vacíos que dan lugar a las denominadas lagunas de derecho. Esto quiere decir que pueden acontecer situaciones que no están prohibidas explícita o implícitamente, pero tampoco permitidas, por lo tanto son alegales (que no ilegales).
Lejos de centrarme en un estudio jurídico, el deseo de esta exposición es recoger el malestar general creado a raíz de su nacimiento (a partir de la última gran revolución) y de las posteriores modificaciones. La intranquilidad en el mundillo del deporte base y la incomprensión con la que es recibido cada nuevo experimental avance bien merecen una valoración por nuestra parte.
Los seis periodos
Con la conquista del Mundial de Japón, muchos jóvenes en edad receptiva inicial (utilizando terminología pedagógica) se habrán enrolado en un equipo. La sorpresa de de los noveles será tremenda al comprobar que sus partidos no son de cuatro cuartos, ni su línea de tres puntos es un semicírculo. Desaparecen los rasgos característicos del deporte que han visto en el televisor, guía esencial de las nuevas generaciones, y que les ha impulsado a jugar. Esta distribución temporal no es entendida ni por los niños ni por los padres, que se desesperan en la banda con preguntas como: ¿es éste el cuarto o el quinto periodo?
El origen de los seis periodos está basado en el pretexto básico de que los niños tienen que jugar más por obligación federativa. La idea no es mala, pero se desarrolla de una manera tan papista que el mismísimo Joseph Ratzinger habría tomado buena nota. Para que jueguen más, que haya más minutos. Si de verdad deseamos que todos disfruten a estas edades, no ataquemos al sentido común. Impongamos equipos de ocho a diez efectivos, y que cada jugador juegue un mínimo de dos cuartos completos. Por favor, que el baloncesto siga siendo baloncesto.
Defensas ilegales
El término defensa ilegal fue introducido en el baloncesto español de formación a través de la Federación Catalana. El leit-motiv de su incursión en el reglamento era sancionar a aquellos conjuntos que situasen un jugador (solía ser el más alto) justo un paso por delante de la canasta y en medio de la zona. Este jugador ejercía de líbero e impedía que los jugadores penetrasen a canasta tras superar a su par. Su detección arbitral era sencilla, a través de un comisario situado en la mesa de anotadores. De su inicial exposición a la redacción actual está claro que media un abismo.
El debate regional se centra en la final alevín masculina de la temporada pasada. La disputa es acerca de la defensa ilegal. El articulado, tan escueto como global, enunciaba en su punto cuatro: Quedan prohibidas las defensas en zona, tanto en medio como en todo el campo, penalizándose la infracción por parte de los árbitros. Sí se permitirá la defensa individual y la presión individual en todo el campo.
La Federación Española entiende por defensa en zona aquella en la que cada jugador ocupa un puesto fijo, al que se repliega ante el ataque adversario, sin luchar por la posesión del balón lejos del cesto, limitando las posibilidades de imponer su juego, una definición que no nos ayuda en nada o en al menos en muy poco. La pregunta es sencilla: ¿está permitido realizar un dos contra uno?
El entrenador de personal de Dirk Nowitzi, Holger Geschwinder, fundamentaba las enseñanzas de su defensa individual en los dos por uno en las esquinas. El posible-mente técnico de formación más prestigioso de Serbia, Aleksandar Bucan, descalifica cualquier defensa individual que no realice traps cuando un adversario agote el bote.
Puedo aclarar que será siempre defensa ilegal mientras los tres defensores restantes permanezcan en una posición más o menos fija en las cercanías del aro, lo que se conoce vulgarmente como zoneando. Pero la pasada temporada, cuando existía un atacante libre de marca porque su compañero acudía al trap, se producía una laguna de derecho. Si hay un jugador libre de marca y el resto están con el suyo, ¿es eso una defensa en zona?
Además, a esto se le unía la inexistencia del comisario, que sí aparece en la redacción originaria de la norma. La detección era una función que le pertenecía al árbitro. Aquella figura (que puede ser perfectamente otro colegiado situado en el centro de la mesa de anotadores) podría haber sido fundamental. Al igual que los auxiliares de mesa, eso sólo es posible en las fases finales.
Lo que faltaba: la zona restringida
Como esta situación ha creado incertidumbre, han borrado de un plumazo todo atisbo de duda. Ahora es ilegal todo aquello que no sea un uno contra uno puro y duro. Las ayudas sólo se podrán realizar desde el lado de balón, limitándose ostensiblemente gracias a la implantación de una zona restringida (cinco segundos), de modo que conceptos esenciales de la defensa como las ayudas del lado débil o recuperar a tu par cuando te haya sobrepasado, habrán caído al olvido.
La situación es tan esperpéntica que se van a dar con facilidad casos como el siguiente: jugón precoz (jugador cuyos dotes son mayores que los del resto de compañeros, siempre existe uno por equipo) se lleva a su par hacia un lado, el resto de atacantes al otro y sus pares obligados con ellos. Contará hasta cuatro, superará a su defensor e irá directamente contra la ayuda, que se encontrará en la zona más tiempo del permitido; o se parará delante de él, para que cuando su par recupere, se produzca de nuevo defensa ilegal. Se deberán sancionar media docena por periodo.
La batalla sin fin
El baloncesto base es un cúmulo de vanidades, donde existe una minoría reducida que busca la formación pura de nuevos jugadores, mientras la gran mayoría batalla por un título cuyo prestigio para mí es detestable. Frases que inundan los colegios de primaria de un estado baloncestístico como Indiana, como lo primero es crecer, ya habrá tiempo para las victorias, aquí serían una quimera, tras la que se escondería la competitividad entre clubes.
El miedo de unos a otros obliga a imponer leyes absurdas para que todos los niños jueguen o que el jugador avispado de turno no meta todos los puntos de su equipo, es el desgraciado soporte sobre el que se instaura la rigidez extrema de las normas. Si todos buscásemos el aprendizaje y no valorásemos a los equipos por los triunfos, sino por el progreso, seguramente las cosas acompañarían al crecimiento del niño.
Además, esta competitividad está acompañada por una legislación cada vez más temporal y experimental. De hecho, en el próximo Campeonato de España de Mini de Selecciones Autonómicas se permitirá cualquier tipo de defensa (9.11), aunque se abre la puerta a una posible instauración a finales de año de la zona restringida, por lo que es posible que esta famosa zona no llegue a ser efectiva a nivel nacional.
Se realizan pruebas constantes corriendo el riesgo de marear a los monitores, que van perdiendo el ánimo del entrenamiento al apreciar como sus decisiones cada vez son menos transcendentes: no pueden diseñar sus sustituciones porque ya están marcadas de antemano y su autonomía en la dirección está limitada a las nuevas restricciones, obligándole a decirle a un mocoso que se pegue a su par a pesar de encontrarse en el lado opuesto del balón. A dónde vamos a llegar...
Aunque se ha dicho que la fe mueve montañas, la experiencia ha demostrado que la dinamita lo hace mucho mejor. Se despide una persona sin fe en las categorías de formación, pero inagotable en su afán de remover conciencias.
Publicado el 25 de Octubre del 2006
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